T+1…
Hoy suena: Antonio Flores - Siete vidas
La frase de la anterior entrada iba a ser supuestamente la primera de un post hablando sobre el tiempo; sin embargo, debe ser que él momento en el que uno se anima a escribir, en el que las ideas fluyen mejor por la mente, es justo ese instante en el que cierras la puerta de la habitación y te tumbas en la cama. Esta tarde no era capaz de continuar con esa frase y ahora no puedo dormir sino lo hago…
El tiempo es algo bastante efímero, algo que está ahí, pasando poco a poco sin llamar la atención, sin dejarse notar hasta ese momento en el que vuelves a ser consciente y te das cuenta de lo rápido que se ha ido un año, dos, tres… tiempo que parece que no has vivido entero, tiempo que para tu percepción se reduce a unas semanas o a unos pocos meses como mucho. Culpa de esto lo tiene el ritmo de vida que llevábamos, al menos el que yo he llevado en los últimos tiempos, donde el único momento libre, sin nada que hacer, sólo yo, se podía reducir a los cinco minutos que hay justo antes de acostarse y los cinco minutos que hay tras sonar el despertador y que a todos nos gusta disfrutar lentamente debajo de las sábanas.
Mientras sigues ese ritmo, lo único que deseas es que llegue ese tiempo para echarte una tarde una buena siesta sin ninguna preocupación, levantarte a las tres de la tarde un sábado después de dormir más de doce horas o disfrutar de una larga noche en vela viendo la tranquilidad del sueño de alguien a tu lado; el problema es que el propio ritmo de vida que ya llevas asumido es el que, aunque sacando ese hueco para hacerlo, no te deja llevarlo a la práctica y tomarte ese pequeño respiro al más puro estilo KitKat.
¿Cuál es el problema? Que ese tiempo pasa y pasa para no volver, todo lo que en su momento se pudo hacer y no se hizo se esfumó, no es posible volver a un tiempo pasado y remediarlo de la misma forma que es difícil cambiar las cosas que ya han sucedido.
Pero uno no es capaz de darse cuenta de ello hasta que ese ritmo de vida de pronto se ralentiza, de tener todos tus ciclos completos de procesamiento pasas a ser un procesador ocioso que baja su frecuencia y no tiene ningún proceso que le anime un poco, te hibernas, te suspendes o directamente te apagas para volver a empezar de nuevo al día siguiente. De las doce horas al día que pasaba estudiando y trabajando hace un tiempo ahora vivo en una tranquilidad demasiado extraña a lo que estaba acostumbrado haciendo que tenga demasiado tiempo para pensar y demasiado tiempo para escribir cosas como estas…
Repitiendo lo que ya he dicho:
Qué bien preciado es el tiempo cuando nos hace falta pero que detestable lo es cuando nos sobra
Hay 4 comentarios
Deja una respuesta
Si te sobra tiempo, afortunado eres. Escribe una lista de cosas que te gustaría hacer (brainstorming), tanto largas tareas como cosas cortas (nu se, por ejemplo, leer tal, o aprender pascual, o hacer no se qué) y cada vez que tengas tiempo, escoge una de ellas. Mataría por tener más tiempo (mmmm… si mato al jefe y toda la plantilla…)
Pero aveces tener tiempo te hace pensar mas, y al pensar mas la cagas, yo siempre que pienso me pasa algo malo (Nota menta:No pensar(
Simplemente haz lo que pensaste que harías cuando estabas saturado de trabajo y ansioso por un poco de tiempo libre.
Disfruta del tiempo, y no pienses en que llegue un momento determinado en el que tenías pensado hacer algo. Disfruta lo que está pasando ahora. Y , si no te gusta, ¡cámbialo YA!
(te veo profundo últimamente; yo estoy igual).